Hace algunos años, una mujer cualquiera quedó embarazada en Irlanda. Podríamos pensar que su niño nació y que ahora va a preescolar, que sus padres lo cuidan y viven de manera normal, pero no fue así. Tanto la madre como el bebé murieron a causa de que las autoridades de ese país le negaron un aborto, a pesar de que ella padecía cáncer y el médico le había prescrito interrumpir su embarazo para continuar con la quimioterapia.

La fotógrafa Laia Abril se encarga de contar esta historia, como lo hace con la de muchas otras mujeres en todos los rincones del mundo, para hacer visibles las consecuencias de salud, políticas y sociales a las que se enfrentan las mujeres por no tener acceso a un procedimiento seguro, gratuito y legal.

A través de una investigación documental y fotográfica, Abril recorrió desde países europeos, como Polonia, hasta latinoamericanos, como Brasil y El Salvador, para rastrear las huellas que las prácticas clandestinas dejan en los cuerpos femeninos, el asesino silencioso que anualmente cobra las vidas de 47 mil mujeres.

Pero no sólo buscó la muerte, sino las anécdotas de quienes vivieron abortos en medio de la presión social, del yugo de la ley, de la amenaza de ser encarceladas, juzgadas por su religión o por las ideas y tabúes de la gente a su alrededor.

Retratos, anécdotas, instrumental, signos visibles de las consecuencias de que el Estado tenga la última palabra sobre la decisión de ser madre o no… forman parte de la exposición On Abortion: And the Repercussions of Lack of Access, que se presenta en el Centro de la Imagen como parte del Festival FotoMéxico.

Mientras teje su red de preguntas sobre ética y moralidad, Abril también crea una serie de manifestaciones meditativas visuales y textuales de los desencadenantes sociales, estigmas y tabúes en torno al aborto que han permanecido invisibles hasta ahora.  

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