Elena Poniatowska

Una hoja de papel fotográfico en la charola del revelador hace esperar varios minutos –la verdad no sé cuántos- y la imagen empieza a formarse dentro del líquido hasta que se enciende la luz dentro del cuarto oscuro. La revista Cuartoscuro ya no utiliza ese procedimiento pero sí ha hecho la luz y la ha puesto al alcance de quienes quieran verla. San Pablo escribió: “Todo se manifiesta al ser expuesto a la luz y todo lo que se expone a la luz se vuelve luz”.

La vida de nuestro país en manos de los fotógrafos que encabeza Pedro Valtierra se desenvuelve como un negativo, una visión del camino recorrido, un riel de tren que examinamos con emoción. “Ah, sí me acuerdo”. Los fotógrafos son alquimistas, salen del cuarto oscuro como de un misterio y las imágenes que nos ofrecen en estos 100 números son sorprendentemente destructivas porque evidencian nuestra caída en el precipicio. Salvo las imágenes de Manuel Álvarez Bravo saludando a un sonriente Juan de la Cabada o la de Monsiváis hablando por celular el día en que inaugura su fantástico El Estanquillo, un museo único en nuestro país porque es popular, o la del grupo que apoyó el homenaje a Leonora Carrington, las de García Márquez y Carlos Fuentes, la de Carlos Montemayor, Rosario Ibarra y Miguel Ángel Granados Chapa, la de Manuel Clouthier, la de López Obrador con Cuauhtémoc Cárdenas y la de la niebla sobre Tultitlán, todas las fotos son de destrucción y de muerte. Desde la tragedia del News Divine hasta los cubrebocas de la influenza, todo nos conduce a la muerte y al fracaso. La vida de México es un inmenso virus y el contagio es inminente. Le rendimos tributo a la santa Muerte. Atropellamos y luego huimos. 44 mil familias se quedan sin trabajo y se cierra compañía de Luz y Fuerza del Centro. Los voladores vuelan bajo aunque la UNESCO los haya reconocido. Quisiéramos no ver a Madrazo, a Fernández de Cevallos, a Salinas de Gortari, a Vicente Fox, a Elba Esther Gordillo pero aparecen como una pesadilla. San Salvador Atenco y Chiapas son dos heridas que no cicatrizan y las ametralladoras y los rifles del Ejército mexicano y de la Policía Federal Preventiva nos apuntan a la cara porque en el México de la persecución al narcotráfico hay que volarle la cabeza al que va pasando.

Los 100 números de Cuartoscuro son una constancia del desastre. En vez de un himno a la alegría, escondemos la cabeza en el inmenso sepelio de nuestras ilusiones.

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