A sus 76 años, don Rufino Tenorio acomoda decenas de pan de muerto en una tabla de madera y las mete cuidadosamente al horno de piedra, como parte de una tradición familiar heredada en la comunidad de San Miguel Tecomatlán, en Tenancingo, Estado de México.

Figuras de animales o canastas adornadas con la misma masa que se elabora el pan, la familia Tenorio se reúne completa para dar forma a cientos de piezas de varios tamaños.

La principal venta del producto la realizan en el estado de Morelos y en las zonas indígenas del Estado de México. El pan es utilizado en las ofrendas que se instalan en los hogares.

Con información de Crisanta Espinosa/ Corresponsal

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