Texto y fotos por Juan Pablo Cardona
Último domingo de 2019 en la Lagunilla y en el ambiente se percibe la nostalgia que otorga el paso del tiempo… un año más se suma a las caras bien conocidas y a los objetos en tránsito de resignificación.
En esta ocasión no traigo la consigna de encontrar la escena perfecta ni la luz ensoñadora, sólo vengo a entregar el número 160 de la Revista Cuartoscuro a los grandes personajes de mis fotografías, ellos, quienes hacen a este lugar auténtico.
Se ven, se buscan entre las páginas … Comienzan las risas, pasamos a las carcajadas.
“¡Dame una!”, “¡Y a mí, otra!”, “¡Háblale a tu tío, dile que salió en la revista!”, “Hermanito, fírmame aquí mi revista”… “Qué honor que alguien se fijó en nosotros, no sólo somos viejos vendiendo cosas viejas”, decían entre ellos: “Acéptame un pulquito”, “Yo tengo whisky para compartir”, “Ponte la rocola con los éxitos de José José , que este año se nos fue”…
De pronto, todo el tianguis le entró y la convivencia se convirtió en una gran verbena, el agradecimiento fue creciendo y los abrazos no dejaban de sumarse.
Me hicieron sentir un buen ser humano por el simple hecho de haberlos retratado en su contexto.
A través de la fotografía, me di cuenta de que tenemos una necesidad de ser recordados y de ser reconocidos … y eso en La Lagunilla se olvidó desde su gestación como mercado de pulgas, pero hoy Cuartoscuro -por medio de la publicación del portafolio La Lagunilla– brilló y vibró hasta caer la tarde…
La nostalgia y el olvido al final de este día encontraron descanso y paz.

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