Texto y fotos por José de Jesús Peña Jiménez

“Dios creó el tiempo, pero el hombre creó la prisa”, dice un proverbio irlandés, y es así como lo vivimos diariamente en las grandes ciudades, donde los pies deambulan sobre el pavimento inmenso; donde aparecen y desaparecen suelas y almas dinámicas.

Muchos parten hacia el plano desconocido, pero las obras permanecen pese a las cuatro estaciones que no paran.

En milésimas de segundos la vida se convierte en un pasado y el río de gente que cruza las avenidas, en efímeros recuerdos. Sólo se mantienen las cornisas y los monumentos cínicos y desafiantes ante el tiempo irrepetible e imparable…

La vorágine prosigue y algunas obras desaparecerán, como las suelas, por designios o por orden jerárquico de la madre naturaleza.

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