Elisa Lozano

Carlos Aguilera durante la filmación de la cinta Morgana ©Gonzalo Elvira

De padre fotógrafo y madre investigadora, Carlos Aguilera[1] literalmente vivió una niñez nutrida de libros de arte y referentes visuales. “Mamé imágenes y atmósferas que creaban sensaciones y me hacían sinapsis”, dice. Así, naturalmente, adquirió un bagaje que más adelante sería fundamental durante su carrera en el Centro Universitario de Estudios Cinematográfico (CUEC-UNAM), donde se especializó en cinefotografía.

De esa época recuerda las enseñanzas de Mario Luna, Toni Kuhn, Jack Lach, y tres conceptos fundamentales: luz, dirección y contraste, mismos que intentó aplicar en su corto de primer año como director y que “fue un desastre (…) sabía lo que quería contar pero no cómo hacerlo, el cine es forma y contenido. Yo estaba perdido entonces, porque mi concepción de la fotografía es forma, pero ésta trasciende en su contenido”.

Al salir del CUEC y ante las constantes crisis de la industria cinematográfica realizó decenas de comerciales, finalmente “una escuela pagada” que le permitió aprender y aplicar lo conocido.

Como cinefotógrafo profesional enfrentó la transición de 35 mm al HD (High Definition), desde la filmación de Eros una vez María (Jesús Magaña Vázquez), proyecto independiente de corte intimista para el que probó varias cámaras: la Panasonic P24 formato mini DV; la Z1 de Sony, formato mini DV. “¿Por qué elegí el formato JVC, frente a las otras dos? Porque era la que más amplio rango de contraste me daba. La Sony era muy contrastada porque es una cámara hecha para broadcast (con la que tú directamente grabas y transmites por TV) a la que no tienes que corregirle nada si la expones bien, ya está el contraste y la saturación de color, pero era demasiado contraste para lo que yo quería. Además, como tenía muy baja iluminación, necesitaba una cámara con más latitud y menos contraste para trabajarlo, ya que la estética se regía por una combinación atemporal en una atmósfera sórdida, con penumbra, filmada en el interior de un departamento habitado por personajes desolados. Había que interpretar muchas cosas para lograr lo que el director quería decir. Fue un trabajo interesante porque con muy pocos recursos técnicos  —tres luces y una camarita de video— hicimos una película”.

Por ese trabajo Aguilera obtuvo el premio a la mejor fotografía en HD “Pantalla De Cristal”.

A Eros una vez María, siguieron dos con mayor presupuesto: Efectos secundarios y Casi divas; con un estilo de iluminación muy distinto que lo posicionaron en la industria como un cinefotógrafo talentoso y versátil. Por ello, le fue encomendada la responsabilidad de filmar por primera vez en México en HD con la cámara Génesis de Panavisión. Se trató de la cinta de terror Morgana (Ramón Obón, 2010), donde aprovechó la ventaja de una máxima latitud para obtener el ambiente opresivo que exigía la historia. Realizó además una mezcla de temperaturas —cálida/fría— y un esquema de iluminación mixto.

Sobre el posicionamiento internacional logrado por los cinefotógrafos mexicanos, y la admiración que despiertan entre los jóvenes estudiantes de cine, él mismo se declara admirador de Lubezki y de Rodrigo Prieto.

“Las primeras películas mexicanas que me inspiraron, por ser una propuesta estética distinta, fueron Sólo con tu pareja (Alfonso Cuarón, 1991) y Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1992), al verlas me dije ‘¡esta forma de filmar es un lenguaje!’ Pero, ¿qué poseen? influencias de los que hicieron cine experimental en los años sesentas y setentas: Jomi García Ascot, Rubén Gámez, etc. Finalmente creo que Cuarón, Lubezki, Prieto, Estrada, Navarro, Granillo, pudieron articular muy bien todos esos procesos experimentales que se habían vivido en las décadas anteriores”.

Sobre el cine experimental refiere: “Creo que éste requiere de una claridad, de una tenacidad y de un rigor en la planeación. Es decir, debe ser experimental en el lenguaje, no en la manera de hacerse, y esa es una mala interpretación en México”.

Aguilera expresa que le gustaría trabajar en el extranjero, pero regresar a nuestro país: “Haber nacido y haberme desarrollado en México me ha dado una educación y un amplio espectro de sensibilidad. Los padres que tuve me conectaron con los referentes que pongo en práctica. Aquí no se carece de talento, sino de profesionalismo. Quiero llegar a la excelencia enfrentando y venciendo las limitaciones (…) soy un hombre comprometido que exijo que todo funcione, como me lo exijo a mí mismo con rigor. Ser cinefotógrafo requiere el esfuerzo mental y físico de un escritor y un minero al mismo tiempo… Hacer cine es muy difícil, pero vale la pena intentarlo hasta donde los huesos te den, y saber que pusiste todo lo que eres para cuidar un cuadro.

“Me interesa romper con paradigmas, tabúes y formas obsoletas de hacer las cosas, o por lo menos intentarlo; plasmar las imágenes que veo desde niño y que tienen una esencia. Se dice que México es un país surrealista, me interesa plasmarlo y articularlo como experiencia estética…Yo, aquí me quedo”.


[1] Carlos Aguilera (Ciudad de México, 1970). Obtiene una beca Master class para asistir a la escuela de cine de Hungría en Budapest, impartido por Vilmos Zigmond (ASC). En 2000 viaja a Argentina para realizar un programa de T.V. Al regresar a México filma Un Secreto de Esperanza (Leopoldo Laborde, 2005) y cuatro años después Efectos Secundarios (Issa López), proyecto que lo enfrenta a retos cinematográficos importantes, como las tomas subacuáticas. Con la misma directora filma Casi Divas (2007) en HD, y una película producida por Columbia Pictures que le permite conocer el proceso de impresión de negativo a partir del formato de alta definición Cinealta. Ha participado en la serie televisiva Bienes Raíces.

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