HACIA EL MUNDO DE LOS UNICORNIOS

Por Ana Luisa Anza

Se fue Carlos Jurado. Quizá llegará al mundo de los unicornios que convierten la luz en imagen o tal vez estará en el universo donde a las pinturas se filtran pequeñas criaturas que le hablan al oído…

Se fue y dejó las formas redondeadas de los huajes, las manzanas que parecen volar en el espacio de las nubes, la luz que rompe la penumbra al caer sobre el desnudo de la ventana, un jarrito tomando el sol en la interminable barda del cementerio, la muerte de barro a punto de sumergirse en las tuberías del fregadero… Y así, tantas imágenes.

Se fue y lo recordarán algunos de sus compañeros con los que compartió sus primeros estudios de pintura en La Esmeralda en los años ´40, o quienes vieron el desarrollo de inventos y creaciones para impulsar nuevos materiales de enseñanza en zonas en donde se acrecentaba la lucha indigenista, ya en la mitad del siglo pasado, o quienes lo acompañaron en su etapa en el Taller de la Gráfica Popular.

Seguramente lo echarán de menos los alumnos que pasaron por sus aulas en la Universidad Veracruzana, donde hizo una verdadera revolución no sólo de los métodos de enseñanza sino de la posibilidad de echar mano de tecnología alternativa, tanto así que convirtió el taller de artes plásticas de la UV en un instituto donde todo era vanguardia.

Cómo se extrañará su enorme contribución a la fotografía, desde la creación de la primera Facultad de Fotografía a nivel universitario en el país, en esa Xalapa de los 70´s que hervía de innovación, hasta el impulso a la comprensión de la luz, sobre todo con las cámaras estenopeicas, sus “cajas de cartón”, con las que se hizo leyenda y ejemplo. ¡Cuántos aprendieron de él la magia de la imagen a través de sus cámaras sin lente!

Ahí estaba, ya en la Ciudad de México para fines de los 60´s, preparando sus químicos en el taller de su casa, mezclando una y otra sustancia en frasquitos de vidrio, revelando en la tina del baño para sorprenderse y sorprendernos con el negativo de imágenes no previstas.

De ahí su célebre muestra “Antifotografías con cámaras de cartón sin lente”, en 1973, su libro “El arte de la aprehensión de las imágenes y el unicornio”, de 1974, y hasta la película “La caja de cartón”, realizada para un concurso de cine científico convocado por Conacyt y al que entró, junto con Sergio Moreno, para que los niños pudieran comprender la imagen en movimiento y para brindarles capacidad de inventiva…

Pintor, caricaturista, grabador, muralista, fotógrafo, cineasta. Carlos Jurado fue de todo pero de todo siempre en grande. Pero quienes a su lado tuvieron -tuvimos- el privilegio de estar, extrañaremos su figura inquieta, sus incisivos comentarios, su auténtica preocupación por las causas sociales, y su mágico sentido del humor.

No se puede decir más de él porque su obra está. Para recordarlo y para recordarnos a todos quién fue y sigue siendo esa figura de increíble honestidad con el trabajo y de una humildad personal que no es común.

El caso es que vamos a extrañar al maestro que nos deja su luz, su pintura y sus cámaras fotográficas sin lente que marcaron el rumbo de la foto estenopeica en este país. Que en paz descanse, maestro y amigo, Carlos Jurado.

 

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PUBLICADO

30 noviembre 2019

 
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