LA REVOLUCIÓN DESCONOCIDA

Por Carolina Romero

El historiador y ensayista David Dorado Romo pidió un elote y una limonada en un establecimiento que, años atrás, había sido una famosa confitería en la ciudad de El Paso, Texas. En ese mismo lugar, pero en 1911, Pancho Villa disfrutó una bola de helado de vainilla cubierta con chocolate durante una sesión de fotos —tomada por Otis Aultman— junto a Pascual Orozco.

A pesar de que no era su intención, David ha estado buscando al Centauro del Norte desde hace cuatro años. En un principio, su investigación era un proyecto psicogeográfico, con el cual buscaba trazar el mapa cultural de las ciudades de El Paso y Juárez.

Sin embargo, en su camino encontró una serie de fotografías perdidas y olvidadas en la biblioteca de El Paso, las cuales lo llevaron a escudriñar archivos y hemerotecas para desentrañar el papel de las dos ciudades y sus personajes en el movimiento armado que derrocó a Porfirio Díaz.

 

Ese es el origen de una nueva travesía en la que se dio a la tarea de repasar la historia de México a través de los periódicos locales del norte, desde 1893 hasta 1923, y a recorrer las ciudades fronterizas en busca de las huellas que dejó Villa.

Así nació su libro Historias desconocidas de la Revolución Mexicana en El Paso y Ciudad Juárez, una investigación que realiza un recorrido histórico de 30 años por los callejones, calles, alamedas, los sitios de las batallas, hoteles, establecimientos, bares y demás rincones locales en los que quede un atisbo de historia revolucionaria.

“Me quedé en los archivos oscuros, en donde me sentaba en el microfilm a ver periódicos, imágenes y sus historias. Yo no sabía exactamente qué estaba buscando, pero leer la historia de tu propia ciudad con un periódico, día tras día, es como leer una novela”, comenta.

En cada instantánea había “trazas y detalles que crean otra visión de lo que estaba pasando en la frontera, que también está conectado con la Revolución Mexicana, pero no de manera obvia: es parte de una Revolución desconocida”. Entre más investigaba, hallaba retratos, nombres, fotógrafos, imágenes de prensa y documentales en las que aparecía una excéntrica serie de individuos y situaciones cotidianas que sucedieron hace más de cien años en calles que él reconocía y que le provocaron “una sensación muy extraña de estas ciudades”.

Quería saber quiénes eran, expandir su visión y también conocer y descubrir las historias de quienes estaban detrás de la lente capturando esos fragmentos de historia. Así, gracias a las fotografías y a los periódicos, le dio luz a los nombres de numerosos personajes desconocidos como Teresita Urrea, Víctor Ochoa o Carmelita Torres, quienes formaron parte del movimiento revolucionario en el norte de México, y cuyos aportes permanecían invisibles —hasta hace poco— en los libros.

Publicado por Ediciones Era, este libro guarda en sus páginas atisbos de memoria en forma de imágenes, hechos reales que fueron retratados por fotógrafos y se quedaron plasmados en los diarios de la época. La selección de 200 fotografías constituye un repertorio de suma riqueza iconográfica poco difundida y que presenta una mirada alejada del oficialismo histórico, con la cual conocemos a un Pancho Villa fotó­grafo y amante del motociclismo; los escenarios de las batallas y cómo los lugareños se acomodaban a la sombra para observarlas; a las turistas que se vestían como Adelitas únicamente para la foto, así como los caminos secretos de actividades como el espionaje, las imprentas clandestinas y el contrabando de armas y drogas.

Entre las páginas, saltan nuevos temas y protagonistas inesperados que, de alguna u otra forma, se convierten en figuras clave de un movimiento inmortalizado junto con los nombres de sus héroes patrios. De repente, en los retratos figuran periodistas subversivos, curanderas místicas, inventores iluminados, revolucionarios anarquistas, espías, contrabandistas, fotógrafos aventureros, trabajadores, vendedores, mujeres toreras, músicos que tocan valses y corridos, familias que huyen de la guerra, cinematógrafos, tintoreros chinos, empresarios, desertores del Ejército e, incluso, fumadores de opio.

Una a una, cada foto se convierte en una pieza de rompecabezas que ayuda a conformar un panorama de la realidad subterránea de los orígenes de la Revolución Mexicana, sus personajes y los rasgos culturales que compartieron —y aún comparten— las ciudades hermanas de El Paso y Juárez, en cuyas calles, y en los momentos más cotidianos, siguen presentes Pancho Villa y la Revolución desconocida.

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PUBLICADO

21 agosto 2017

 
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