DISCULPE LAS MOLESTIAS

 

Por María José Martínez

El cuerpo es tierra de nadie, vamos descubriéndolo centímetro a centímetro conforme aprendemos de él, de sus límites, sus paisajes internos, las cicatrices que surcan las montañas de angustias, los deseos que lo excitan… La cartografia del cuerpo es demasiado compleja para analizarla unidimensionalmente.

¿Cómo se mira a un cuerpo? Puede ser que desde lo imaginario y como la contemplación de un secreto físico. Algunos sienten pudor inclusive de nombrarlo con las palabras que nos han enseñado, senos, vientre, culo, muslos, matriz, vagina, rostro, rodillas, antebrazos, pene. O tendemos a clasificarlo, la mayoría del tiempo con severidad y adjetivos juiciosos: gordo, bofo, guango, viejo. ¿Por qué el distanciamiento con nosotros mismos desde el lenguaje? Develar una fotografía de algún desnudo, ¿provocará malestar? La imagen no necesita palabras para nombrar, es aparente.

Oiga… disculpe las molestias que esto le ocasiona pero necesito mostrarme, ¿sabe?,  ¿mostrar qué?, respondería el otro; el cuerpo, respondería el primero: ‘lo que soy’. “Disculpe las molestias. Exposición colectiva” en Punctum, es una muestra curada por Juan Antonio Molina, reúne la obra de 13 fotógrafas, alumnas de “Página en blando”, que intenta, como lo dice el título de la colectiva, molestar, incomodar, inquietar, no sin antes disculparse satíricamente por los inconvenientes que esas imágenes pudieran ocasionarle al espectador.

Pilar Pedraza, Mabe Guzmán, Gaby Lobato, Liza Ambrossio, Mayte Tojim, Yolanda Leal, Natascha Bjerg, Parmelia Matos, Violeta NIebla, Katiuska Saavedra, Ariadna Rojas, Mariana Do Vale, Sussy Vargas y Ariadna Rojas, son aquellas que se acercaron lo suficiente al cuerpo femenino como para retratarlo sin vergüenza, censura o prejucio. Esta serie de fotografías confronta al que mira, con la imagen, algunas explícitas, otras construidas más íntimamente, pero cada una desafía al espectador a un juego en donde la sexualidad, el devenir del cuerpo femenino, y su carga simbólica se devela.

“Disculpe las molestias”… desde el punto de vista de cuatro de ellas:

Liza Ambrossio:

En sus manos lleva una fotografía lo bastante obscura como para no adivinar a ciencia cierta de qué se trata. “Son mis rodillas”, responden sus labios imperfectamente pintados de rojo bermellón. Su larga cabellera se interpone frente a la fotografía.

“Los pecados de mi padre” es una serie de 25 imágenes que ha trabajado durante año y medio en donde desarrolla un tema que le duele… la ausencia de su padre, por automático, la inexistencia de la joven artista al no haber conciliado en vida con su progenitor. “Mi relación con los hombres es muy compleja,  y eso proviene de la ausencia de mi padre, los pocos momentos en los que él estuvo en mi vida, dejaron una huella estigmatizada”, como sus rodillas, explica posteriormente, mientras relata la historia de San Francisco de Asis, con quien guarda una cercanía alegórica.

“San Francisco de Asís fue acusado de robo por su padre, quien después lo azotó. Estaba tan enojado que cuando lo tuvo enfrente en el tribunal le dijo ‘quiero que escuches muy bien, ya no te llamaré padre Pedro Bartolomé, solamente diré Padre Nuestro que estás en los cielos”, con lo que sentenció a su padre al olvido; se dedicó de lleno a la religión cristiana”, relata Liza quien se dio cuenta de que necesitaba encontrar una ruta catártica para aliviar ese dolor, “uno que llevas toda la vida”, añade.

Primero vino el divorcio de sus padres cuando ella tenía 2 años, luego la muerte de su padre hace diez, y con eso, se desintegró la figura casi mitológica que ella mantenía de él, relatos imaginarios y ausencias prolongadas. “Es ese personaje, invisible y doloroso, que se proyecta en mis imágenes, una etapa edípica que todavía no logro cerrar”. Y sí, le duele, lo ha dicho, pero es un dolor que construye, algo parecido a una “venganza estética”, como ella lo califica, y una respuesta hacia un padre que “no cumplió con sus obligaciones, ni con límites, protección ni cariño. Los seres humanos nos construimos por las heridas, ausencias y dolencias”.

Su cuerpo, al menos sus rodillas como las muestra en la fotografía, que aun sostiene con los brazos extendidos como una escuadra, es un cuerpo adolorido. Un día paseaba por la ciudad, ella había tomado demasiado, se cayó, “el pavimento de la ciudad de México es horrible”, añade… sus rodillas sangraban, las medias se habían razgado, “era una imagen dolorosa pero cargada de erotismo”, dice Liza. Había peleado con su novio, cuando cayó, algo en su mente conectó con su historia personal… San Francisco de Asís fue el único santo masculino con llagas, “era la religiosidad dentro de mi historia”.

“La figura paterna envolvente, dulce y cariñosa de mi padre no existía en mí. Empecé una relación tan apasionada como conflictiva con los hombres. Mi estilo fotográfico tiene que ver con la búsqueda del ello, el instinto la maldad, el deseo y la pasión, la obscuridad. El sexo tiene que ver con un proceso psicológico que tiene que ver con el dolor, el recuerdo que no he terminado de sacar, un placer por la maldad y una especie de huella dolorosa”, un recuerdo que se va esfumando, finaliza.

Pilar Pedraza:

Detrás de sus anteojos de pasta y un semblante de primera impresión, tranquilo, la fotógrafa peruana Pilar Pedraza mira sus fotografías y una alabanza de coquetería se desprende en cuanto se da cuenta de ello, son suyas y a pesar de no ser autorretrato, hay también algo de su cuerpo impreso.

“Trabajo el cuerpo femenino y masculino pero en este proyecto fotografié al cuerpo femenino desde la abstracción. Lo he fragmentado para intentar crear una incógnita. Quiero que la gente se pregunte cómo son esos pliegues del cuerpo para darse cuenta de esa sutileza y la carga poética que obviamos”, dirige los ojos hacia una de sus fotografías, que muestra al paisaje corporal de una de sus modelo de forma encriptada.  Líneas sutiles parecidas a unas colinas pálidas, blancos, aire en sus fotografías.

El proyecto lleva por título “Algo sobre la sutileza”, y consta de fotos en formato cuadrado realizadas entre 2012 y 2013. Uno puede imaginarse qué parte del cuerpo sería la que está fotografiada pero no es hasta que esa pieza del rompecabezas, que es el propio cuerpo del espectador, se completa que uno lo entiende. “Las líneas crean ese paisaje curvo, no hay nada que sea punzante en el cuerpo humano en la forma en como yo lo miro, es como los árboles, las montañas”, menciona Pilar al mismo tiempo que expresa que “mi vagina puede ser tan hermosa como mis ojos”. Normalmente presentaríamos el cuerpo velado, sutil o bruscamente cubierto, pero en este caso la vagina a la que Pilar se refiere, es sólo una caverna que puede ser explorada por quien está delante de la imagen.

Le decían ‘¡cómo vas a mostrar eso en Facebook!’, a lo que respondía con un ‘¡por qué no!’. “Esta es una exposición en donde cada una de nosotras pudo mostrar algo de su cuerpo, de una erótica personal igual de placentera que la mirada, el tacto, los sentidos”, son esas coordenadas de placer en el cuerpo de una mujer, que pueden estar vinculadas con lo prohibido, como ella lo considera, que deben mostrarse.

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Gaby Lobato:

De nuevo las rodillas, un espacio que para Gaby Lobato representó un lienzo en blanco en ese momento creativo. Egresada de la actual Facultad de Artes y Diseño (FAD) se formó como artista desde la pintura y la fotografía, su padre, el fotógrafo que la inició involuntariamente. “Relaciono mi arte con personas muy cercanas que han marcado mi vida. Trabajé con mis recuerdos durante dos años para este proyecto; le pedí a todas las personas que conocía en mi familia un mechón de cabello y barrí mi casa y los espacios más significativos en ella. Luego lo marqué en mi cuerpo y por último lo fotografié”, relata que su abstracción tiene que ver con las huellas de las personas que se han desvanecido pero que siguen presentes. El divorcio de sus papás, luego su abandono,  la ruptura amorosa con su ex novio, la muerte de su mejor amiga, colores relacionados a cada sensación evocativa que Gaby atraviesa y transmuta.

“Para mí la fotografía era una forma de hacerme consciente de mis recuerdos; la forma en la que repercutían en mi vida no me dejaban avanzar. Nadie puede juzgar cuánto ha sufrido una persona o cuánto le han dolido las cosas porque cada persona te marca de diferente manera”, dice, “la fotografía es una forma de ir asimilando lo que me va pasando. No creo que sea indispensable decir todo lo que para mí es esa foto, todo el proceso que me llevó para hacerla, por eso me gusta hacer fotografía abstracta. Es difícil hablar para mí de todo eso”, confiesa Gaby minutos antes de la inauguración.

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Mabe Guzmán:

“No te lo digo”, es el título de su serie, que específicamente es un tríptico parecido a una escena teatral en donde hay un protagonista (Mabe), un vehículo (un plato) y una leimotiv (la alarmante caída de su cabello). “No acostumbro titular mis fotografías, cuando empecé a trabajar esta serie me preguntaban ‘¿por qué no tiene título?’; me parece que cuando titulas algo se pierde la imaginación en el espectador, en cuanto leen el título hacen una historia en su mente y quiero que ellos imagen lo que quieran”.

Cuando empezó a mirar su cuerpo, realmente mirarlo, descubrió cada vez más detalles e identificó la performatividad que éste tiene si lo sitúas en diferentes contextos y entornos, diferentes significados, ambientes y momentos psicológicos. “Fueron angustias personales las que me hicieron encontrarme con mi cuerpo. Tengo una caída intensa de cabello, es angustiante: algo de mí que pierdo todos los días. El cuerpo va más allá de la piel y el tacto, fotografío desde ahí porque así lo puedo mirar. En la búsqueda y exploración me encontré de pronto ante mi misma, era yo viéndome, pero a la vez era el ojo de la cámara mirando; el encuentro ha sido muy bello”.

Ese día, cuando apretó el botón del obturador, juntó su cabello en una madeja, era demasiado, una parte de ella que encontraría su destino final en el cesto de la basura o seguramente atascado en una cañería. “La bola de pelos era impresionante, era un desecho pero al ponerlo en el plato supe que ahí estaba mi cuerpo. El cabello lo representa y era una forma para no dejarlo ir”. Obviando el hecho de que Mabe podría quedarse calva, era una analogía de la desaparición, de lo que somos, o creemos ser, que al fotografiarlo encapsulamos ínfima la esencia humana. “El tema de la pérdida es angustiante”, dice Mabe, quien también es una de las iniciadoras del espacio fotográfico Punctum.

“No te lo digo”, aunque en realidad sí lo hace, la imagen lo dice si no todo, una gran parte de la idea. El hecho de que 13 mujeres reunieran sus fotografías bajo la temática del cuerpo femenino, es de por sí declaratorio. “La sociedad rige, y emite ciertas normas que te impiden encontrarte con tu cuerpo desde niña… no te puedes tocar ahí, no te puedes ver ahí, límpiate bien, lo que se dice del período menstrual; no entiendes por qué y sigues esas normas”, opina mientras mira su fotografía, sin ningún tipo de pudor.

Como lo hubiera dicho el filósofo alemán Friedrich Nietzsche “Si para vivir necesitamos sólo de la mentira, entonces la voluntad de poder es arte y nada más que arte. Él (el arte) es el gran posibilitador de la vida, en tanto se instituye como afirmación de la existencia en medio de una realidad que ha sido desprovista de su valor”, entonces la fotografía, como lo explica Mabe, es un recurso de expresión “para sacar esas angustias, el arte en sí, es un medio en donde uno puede desfogar y sacar esa fuerza angustiosa”. 

Y ¿cómo se inició ella en al fotografía? “Mamá y papá son fotógrafos desde hace 40 años”, lo aprendió de ellos. La primera vez que entró al cuarto obscuro fue por invitación de su padre, le dijo “Mira, ¡que voy a hacer magia! Soy mago…” “Apenas alcanzaba a asomarme a la charola en donde estaba el líquido revelador mientras mi padre me decía ‘no pierdas de vista cuando meta esta hoja de papel, vas a ver que voy a hacer magia”; bien portada, no apartó la vista de la charola, después de unos segundos sucedió. “Al ver cómo aparecía la imagen exclamé ‘¡cómo, sí es magia! Mi papá es mago’, y a partir de ese momento, según relata, se enamoró de este mundo bello que es la fotografía.

Visita “Disculpe las molestias” en PuNcTuM, abierta al público hasta el 14 de marzo en Allende 2, primer piso, esquina con Tacuba, Col. Centro, México, D.F. Más informes en 5512 0883

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PUBLICADO

13 febrero 2015

AGRADECIMIENTOS

PuNcTuM

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