ENTREVISTA. GRACIELA ITURBIDE, OBSESIÓN POR LA FOTOGRAFÍA

Para reconocer su trayectoria como una de las fotógrafas más emblemáticas de México, Graciela Iturbide recibirá el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para celebrar la solidez de las obras y las trayectorias de grandes figuras del periodismo de nuestro país.

El Homenaje se llevará a cabo el domingo 3 de diciembre, de 17:30 a 18:50 horas, en el Auditorio Juan Rulfo, planta baja, Expo Guadalajara.

¡Enhorabuena, maestra!

 

Por Galo Ramírez

GRACIELA_3Para no caer en la monotonía fotográfica, a lo largo de sus 45 años de actividad, Graciela Iturbide se reinventa en cada proyecto. Y lo hace a través de sus “obsesiones”, las que inconscientemente la invaden o, como decía el pintor Pablo Picasso: “Yo no busco, yo encuentro”.

Así, la fotógrafa nacida en la ciudad de México nos devela lo que se encuentra al caminar por los lugares donde va, donde huele y escucha la fotografía. Se da su tiempo para trabajar, platicar, caminar, leer, ver pinturas, ver cine –“dejo reposar mis fotografías, no hay prisa”– pero, eso sí, trabaja todos los días para retratar la vida.

A unos días de recibir un homenaje, recuerda su primer contacto con la imagen, cuando de pequeña jugaba con una cámara Brownie. La fotografía no era aún su obsesión: ella quería ser escritora.

Se casó muy joven pero la maternidad no le quitó el entusiasmo por escribir. Aunque no entró a la Facultad de Filosofía, en 1969 escuchó hablar sobre el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Autónoma de México.

Pensando que escribiría guiones, se inscribió al CUEC en donde encontró al maestro de la vida: Manuel Álvarez Bravo.

“Mi maestro en muchas cosas de la vida es Álvarez Bravo”, dice con una gran sonrisa.

La fotógrafa considera que era un maestro que motivaba a sus alumnos a valerse por sí mismos. Recuerda que un día le preguntó cómo revelaba sus rollos y la respuesta que recibió fue:

“Mire, Graciela, vaya y compre un rollo, lea las instrucciones, y verá que le sale bien”.

Para Iturbide, éste es un ejemplo de “un maestro que te hacía trabajar por tu cuenta; tampoco te decía que tu trabajo era malísimo, te dabas cuenta por su manera de ser”.

A sugerencia de Álvarez Bravo, Iturbide se fue a vivir a Coyoacán, para estar más cerca de su maestro y de sus enseñanzas. Recuerda que veían más pintura y grabado que fotos; los grabados japoneses y de Francisco Goya eran los que más admiraban.

A 45 años de trayectoria fotográfica, el INBA le organizó un homenaje a quien es considerada por muchos la fotógrafa más importante de México.

“Me da pena, pero lo agradezco”, responde Iturbide acerca de los reconocimientos.

Caminar por los senderos de la luz la obliga a reinventarse en cada proyecto.ITURBIDE_1

Recuerda, por ejemplo, que cuando la invitó Francisco Toledo a fotografiar a Juchitán, al mismo tiempo trabajaba con los Seris en desierto de Sonora. Cuando concluyó ambos trabajos pensaba cuál sería su próximo ensayo; sus hijos le decía que hiciera varias versiones de las mujeres de Juchitán. No fue así.

Fue un viaje que realizó a la India el que potenció su forma de mirar. Considera que México y la India tienen paralelismos fotográficos; no le interesaba retratar lo que todo el mundo fotografiaba, quería encontrar otras formas de componer y encuadrar, por lo que decidió buscar el simbolismo en las calles. De ahí nació su libro “No hay nadie”, con un texto del catalán Óscar Pujol.

“Me di cuenta de que se puede descubrir un lugar a través de sus paisajes, de sus sombras, de sus objetos y no necesariamente a través de los retratos. Me gusta ir a los pueblos y encontrar sus creencias y lo simbólico en los detalles”.

En cada viaje Iturbide descubre una obsesión. Por ejemplo, durante su estancia en Los Ángeles fueron las bardas. En la provincia de Ostia, en Roma, recordó a Pier Paolo Pasolini –quien murió ahí–, y su poesía, sus ensayos y, en especial, su cine:

“Me gusta por anárquico, trabajé mucho en el lugar, siento que Pasolini fue mi guía, e inconscientemente tuve muchas palmeras con espinas”, dice.

En noviembre próximo irá a Japón donde, según le han dicho, hay numerosos pájaros, los cuales “siguen siendo mi obsesión”.

Al parecer también está obsesionada con los caparazones de tortuga, esos animales acuáticos de excelente vista y larga vida. Tiene uno que le regaló Francisco Toledo con la muerte grabada, uno que se encontró en su estancia en Madagascar, otro que tenía en su jardín –ahora roto por el desgaste– el cual conserva en su mesa de trabajo.

“Luego se me ocurre hacer algo con eso”, explica.

¿Mujer Ángel sigue siendo su fotografía predilecta?, le preguntamos.

GRACIELITA “El desierto me la regaló, no me acuerdo cuando la tomé, por eso es mi preferida”, responde con una sonrisa.

Aun con la invasión del mundo digital, Graciela Iturbide continúa trabajando de forma análoga y trabaja con tres marcas de cámara: Mamiya, Leica y Rolleiflex.

“Tengo este ritual de fotografiar, ver mis contactos y luego pensar a qué proyecto las agrego”, comenta. “A veces quito, pongo, es una terapia maravillosa”.

Entre sus influencias reconoce a Robert Frank, Diane Arbus, Brassai, pero en especial reconoce como su amigo a Josef Koudelka.

“Cuando voy a París siempre le enseñó mi trabajo, me enseña el suyo, incluso me muestra su manera de trabajar: pega las fotos chiquitas en la pared, las va viendo, si no le gustan, las quita”, explica. “Por otro lado tiene tarjetas postales de sus pintores favoritos como Piero della Francesca”.

Para ella no hay fotógrafos como Koudelka: “Es un hombre que vive por el mundo en un sleeping (saco de dormir) con la pasión de la fotografía”.

A los fotógrafos que inician les recomienda, para hacer mejores fotos, tener “pasión y disciplina”. Con eso considera que están “del otro lado”.

En septiembre próximo expondrá en Santo Domingo, República Dominicana, su trabajo El baño de Frida y Naturata. A raíz de su lectura del libro La guerra de las imágenes: De Cristóbal Colón a “Blade Runner”, de Serge Gruzinski, trabajará allá sobre los primeros pobladores, los Tainos.

“Me gusta la escultura taina, por simple y abstracta”, señala.

ITURBIDE_2 A lo largo de su carrera, Graciela Iturbide ha sido reconocida con el premio de la W. Eugene Smith Memorial Foundation, 1987; el Grand Prize Mois de la Photo, París, 1988; la Guggenheim Fellowship por el proyecto “Fiesta y Muerte”, 1988; el International Grand Prize, Hokkaido, Japón, 1990; el Premio Hasselblad, 2008; el Premio Nacional de Ciencias y Artes, Ciudad de México, 2008; Doctor Honoris Causa en Fotografía por el Columbia College Chicago, 2008; y el Doctor Honoris Causa en Artes por el San Francisco Art Institute, en 2009.

Su trabajo se encuentra en gran cantidad de publicaciones y colecciones de todo el mundo.

 

 

 

 

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PUBLICADO

25 julio 2014

AGRADECIMIENTOS

Graciela Iturbide. Fotos: Diego Simón Sánchez/Cuartoscuro.com

Comentarios
3 Comentarios en “ENTREVISTA. GRACIELA ITURBIDE, OBSESIÓN POR LA FOTOGRAFÍA”
  1. luis dominguez useche Dijo:

    excelente trabajo blanco y negro!

  2. Nicolás Dijo:

    Debo comentar que la fotografía Mujer Ángel la ví exhibida este año en el Palacio de Bellas Artes y es impresionante esa fotografía.

  3. Michael Strah Dijo:

    Su foto “Mujer Angel” cambio vida. Gracias. Muchas gracias.




 
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