Yolanda Andrade y el color de su interior

Exhibe Obsesiones y Analogías en Patricia Conde Galería. Concluye el 5 de agosto

Por Anasella Acosta

© Yolanda Andrade

La fotógrafa  mexicana  Yolanda  Andrade (Villahermosa, Tabasco, 1950) inició su carrera  en la fotografía en 1976.  Su trabajo inicial pertenece a la  más pura tradición  del  la foto  directa en blanco y negro, esto es sin intervención planeada o puestas en escena. No obstante,  la revolución tecnológica fue para Yolanda  más que un impedimento, una puerta para su evolución como fotógrafa. La ciudad de México, a la que dedicó su mirada durante 27 años,  se tornó hacia nuevos espacios, lo que le permitió a Andrade  hallar  su obsesiones como creadora,  encausar sus temas  y realizar una reflexión interna a partir de las atmósferas urbanas y el  manejo de color,  del que hoy dice, sin culpa,  manejo “en función de lo que quiero”.

Pocos fotógrafos mexicanos han dado ese salto de la tradición al era tecnológica con éxito. De este modo Andrade llamó la atención de la coleccionista Patricia Conde,  quien  ahora presenta  la muestra Obsesiones y Analogías, que reúne  28 piezas  a color de diferentes calles recorridas por  Andrade, en las que el común denominador  es la intensidad del color,  las huellas del paso del ser humano  y  las atmósferas singulares, obsesión de la fotógrafa.

En entrevista con  Cuartoscuro,  Yolanda Andrade comparte su experiencia profesional venida del  desarrollo tecnológico, así como sus nuevos planteamientos en torno a la que es su obsesión primera: la calle como escenario del fluir del tiempo, manifiesto en  la cultura popular.

¿Cómo se da la transición de tu trabajo en blanco y negro, perteneciente a la tradición de toma directa, hacia el color y el nuevo documentalismo?

Fue un poco llevada por la ola de los cambios tecnológicos, no se puede resistir uno. En cualquier momento hubiera tenido que hacer el cambio. Empecé por lo básico; usar una cámara digital, empecé a jugar, a explorar. Inicié con un cámara de pocos megapixeles, muy lenta, lo que me hizo trabajar de otra manera a la que estaba acostumbrada con la cámara análoga y la película en blanco y negro. Como no podía  tomar fotos en la calle con esa cámara por su lentitud, regresé a los primeros pasos  que di en la fotografía; tomar espacios vacíos, estatuas, no el movimiento de las calles, a eso llegue después.

En principio  en el terreno digital, las tomas son en color, entonces empecé a descubrirlo, yo no lo sabía ver, me gustó. Tomé fotos de cosas que siempre me habían  atraído como las luces de neón, y me encantó el resultado de la combinación entre digital y color.  Ahí me dejé encantar por el color;  lo exploré más y más. Llegó un momento en que empecé a ver en color y a buscar otros temas. Descubrí en ese transito que no me gustaba tanto la presencia del ser humano en el color, sino más bien sus huellas,  sus sobras, lo que iba dejando en su camino, y es lo que he estado trabajando hasta ahora. Estoy en un aprendizaje continuo es un terreno donde cada día hay algo nuevo, es muy estimulante; todos los días aprendo, ahora soy como una estudiante permanente de fotografía.

¿Se llegan a agotar las temáticas?

Se agotan las temáticas. Por ejemplo en blanco y negro trabajé durante 27 años la ciudad de México. Empecé con esas huellas del ser humano y pasé a las multitudes, y luego a la relación de los habitantes con sus calles pero llegó un momento que para mí se agotó el tema de la ciudad de México. La fotografía digital, el color, llegó justo cuando tenía que hacerlo. Cerré  un ciclo con el libro Pasión mexicana. A partir de ello,  fui hacia otro camino en la fotografía; llegó el color y me inserté en éste.

¿Qué hay en el color que te revela más de las huellas del ser humano?

Para mí revela más porque el color tiene una presencia grande dentro de la imagen digital, es fundamental en las huellas que busco, si hubiera personas distraerían por la fuerte presencia que tiene el ser humano.  Pero hay un acercamiento más íntimo.

Todo artista se hace de sus obsesiones ¿Cuáles son las tuyas?

Como tema, la cultura popular, el cómo los propios habitantes de una ciudad crean su propia cultura visual, independientemente de la alta cultura, que imponen los grandes museos  y creadores y creadoras; el cómo el habitante común y corriente de la ciudades crea su propia visión del mundo, a través de los ex votos, las pinturas en las calles, los grafittis, cómo recrea  ese mundo visual en sus propias obras, eso me  fascina.

¿Hay algún temor que se refleje en tu obra?

No sé si refleje en la fotografía o no, son temores personales: el modus vivendi, porque no tengo medios propios para sobrevivir, los fotógrafos no podemos decir nos retiramos y ya. La edad no me produce temor, me produce temor no poder trabajar por la edad,  y la inseguridad del país mismo, el ir a las calles con la cámara.

No hay intervención en tus fotografías recientes…

A veces sí

Pero no es  característica la puesta en escena en tu trabajo

No. A veces muevo un objeto, pero no es el plan, no digo voy a poner aquí este exvoto o esta hamburguesa. Lo que sí intervengo es el color, los transformo en el caso de algunas fotos. En el caso de esa foto de París de un cuarto de hotel, la volví azul; para mí era importante que fuera azul, el archivo digital original casi no tiene color,  es  un color neutro y yo fui pintando, digámoslo así, hasta obtener los colores que tiene ahora. Sí intervengo en transformar la atmósfera  de algunas de las fotos. No en todas porque supongo que me viene de la escuela en la que me formé, en el blanco y negro, ahí si no cambiaba  gran cosa. Era la foto, y sí  tenía un estándar de revelado e impresión. Sí intervenía en el contraste; en blanco y negro mis fotos son muy contrastadas. Ahora lo hago para crear una atmósfera.

¿Han cambiado las posibilidades de la fotografía?

Claro, para mí vivir esta época es muy afortunado porque me ha permitido hacer por cuenta propia libros. Los primeros dos libros  que publiqué me costaron mucho, el trabajo fue que alguien quisiera editarlos,  los siguientes no tanto porque ya tenía carrera y nombre, ahora tengo la posibilidad de crear mis propios libros. Hago selección de fotos, en la que siempre he intervenido, pero ya no utilicé los servicios de un diseñador, yo monté las fotos, escribí texto, diseñé portada, no importa si no es super correcto en cuanto a los cánones del buen diseño, lo hice yo y lo mandé imprimir. Y puedo imprimir tantas  versiones y ejemplares como quiera. Eso me permite no tener que esperar a que alguien me proporcione el dinero para editar el libro. Me sirve como maqueta, portafolio y libro.  Y sólo es posible con los medios digitales.

¿La fotografía sigue siendo el registro del exterior?

Sí, pero también se manifiesta mi vida interior, a través de lo exterior reflejo un mundo interno y cada vez se va haciendo más palpable.

¿Dónde te sientes más  cómoda, en el color o blanco y negro?

En el color, definitivamente, porque si no me satisfacen los colores, empiezo a jugar dándole color, atmósfera. Ahora se está manifestando más la influencia de la pintura  en mis fotografías.

¿Quiénes consideras que te han influido  en el ámbito de la pintura?

Bueno, hay un pintor, Edward Hooper, quizá no sea un pintor a la altura de Picasso pero es un pintor eminentemente fotográfico, ha sido uno de los pintores que más ha influido a los fotógrafos en los últimos años, verdaderamente me encanta ver sus pinturas, también me gustan el impresionismo y el expresionismo alemán.

Y en fotografía ¿quién es tu influencia?

Las influencias fueron más desde la pintura y el cine. Hay fotógrafos estadunidenses del género “de calle” que he apreciado muchísimo,  que siempre trabajaron en blanco negro: Walker Evans o Robert Frank. Ahora estudio a muchos fotógrafos que hacen color, los estudio pero no  siento que me estén influyendo mucho, a lo mejor sí, inconscientemente.

¿En cine, quiénes?

Ya actualmente con la consciencia de estar haciendo color, me gusta el manejo de color y encuadres de Howard Hawks, David Lynch, Michelangelo Antonioni, Luchino Vinsconti.

¿Las mujeres tenemos una forma de mirar distinta a los hombres?

Yo siempre me pregunto eso, pero no sé. Pienso que hay hombres con mirada muy femenina y fotógrafas  con mirada muy masculina. Creo más en la androginia de la mirada, esa mirada que se alimenta de muchas cosas que no necesariamente es masculina o femenina sino que tiene capacidad de integrar lo masculino y lo femenino,  al menos así considero que es mi mirada.

¿Cómo defines la calle en México, en París, Calcuta, donde sea?

La calle es como un gran teatro, un escenario donde suceden muchas cosas, donde fluye el tiempo, las acciones. Cada calle está cargada de lo que está sucediendo en ese momento, lo que ese momento anticipa para el futuro y lo que ha sucedido en el pasado. Las calles son como un fluir constante del tiempo, eso son las calles de cualquier  lugar.

¿Hay una estrategia para  evidenciar el fluir del tiempo en la fotografía?

No es algo que yo diga esto se va a reflejar de esta manera. Se quiera o no está presente, a lo mejor en una secuencia o en las huellas mismas. Eso es lo que me apasiona de la fotografía; tomas instantes que se quedan grabados, la fascinación por la fotografía es ese atrapar del tiempo que no sucede en una foto-puesta en escena, eso para mí es un misterio de la toma directa, la atmósfera la va creando con las secuencia de las fotos, que tiene que ver con la narración cinematográfica.

¿Cómo te alimentas para permanecer vigente?

Es la inquietud de estar leyendo, a lo mejor un párrafo de una novela me lleva a una imagen, y eso a otra cosa; esto te lleva a perder el sueño, es estar pensando todo el tiempo, imaginar una foto junto a otra. Vas de un mundo a otro, de un trabajo a otro; hay una concentración en la imagen y la necesidad de darle una estructura, que yo le doy a través de los libros.

¿Qué vemos en la exposición Obsesiones y Analogías, que presenta Patricia Conde Galería?

Se trata de mostrar cómo mi mirada es coherente en cuanto a sus búsquedas en los diferentes lugares en donde yo esté tomando imágenes; hay  analogías en el color y obsesiones temáticas: la imagen popular en las calles, ciertas atmósferas, pero sobre todo las cuestiones del color, y cómo yo tengo obsesiones visuales que voy encontrando en cualquier sitio.

¿Se impone el artista sobre el lugar?

Sí. No estoy documentando un lugar, no me interesa lo que manifiesta esa ciudad, ni mostrar cómo es, mi interés es “yo veo esta ciudad de esta manera”.

¿Qué importancia tiene el galerista en este lugar?

Te permite exhibir tu trabajo, darle difusión y poder venderlo eventualmente, y la presencia en ferias internacionales y nacionales

¿Cómo ves el mercado de la fotografía en México?

Pues es muy reducido todavía. No hay gran cantidad de coleccionistas, hay más coleccionismo en otros ámbitos que en la foto, aunque debería tener el mismo nivel.

¿Vendes obra en México?

Sí, pero he vendido más en el extranjero que aquí.

¿En qué estás ahora?

La fotografía y su relación con el viaje, no necesariamente el viaje a una ciudad específica, sino el viaje mismo, descubrir el lugar pero descubrirte a ti misma a través del lugar y del acto viajar. Por ejemplo, en este libro está mi errar sola por las calles de París. A veces tienes que salir a fotografiar sola, es más  fácil, porque cuando vas con alguien puede estar fotografiando lo mismo y no es muy funcional, y si vas con alguien que no es fotógrafo se aburre, si vas solo descubres el lugar de otra manera. Para mí el viaje externo es un viaje al interior de uno mismo.  Cuando viajo, procuro hacerlo un viaje intenso.

¿Qué se hace para hacer buena fotografía?

Primero tener pasión, esto es lo que quiero hacer y no otra cosa. Otra es estudiar mucho, aprender constantemente. Trabajar y ser disciplinado, ampliar la cultura lo más posible, no estar nunca satisfecho, eso no vale, eso puede detener tu desarrollo. Tener curiosidad, voluntad… No sé si todo eso en conjunto te lleve a hacer buenas fotos pero en algo ayuda.

Analogías y Obsesiones, incluye 28 piezas que estarán a la venta. Se  exhibe  en Patricia Conde Galería,  Lafontaine 73, Col. Polanco,  Ciudad de México. C.P. 11560, México D.F.  Horarios: Lunes a viernes de 11:00  a 18:00 Horas.  Sábados de  12:00 a 17:00.  info@patriciacondegaleria.com, www.patriciacondegaleria.com

Teléfonos +52 (55) 5290 6345 y 5290 6346

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PUBLICADO

19 julio 2011

 
Comentarios
1 comentario en “Yolanda Andrade y el color de su interior”
  1. alfredo moreno Dijo:

    Hola amigos de cuarto oscuro…
    No tengo mucho que decir mas que YOLANDA es una gran fotografa… y una enorme ser humano…
    Su talento es superior.




 
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