Rogelio Cuellar, un duende creador

Sección: Entrevistas

Una pregunta inquisitiva que, en muchas ocasiones, desencadena un diálogo entre dos creadores, se ha tornado condición propicia para que uno de ellos, quien representa la constante en la escena, recorte el espacio en una proporción de 6 por 6 pulgadas, por lo regular, y logre crear la imagen del creador.

El autor de los retratos de los émulos de Dios —en su faceta de creador— es el fotógrafo Rogelio Cuéllar, a quien Jorge Luis Borges bautizó alguna vez como El duende, pues cámara en mano era un hacedor de  travesuras.

Ahora Cuéllar es quien, sentado en el  banquillo,  responde a la misma cuestión que él plantea a sus retratados: “¿Qué es el espacio vacío?” De forma  un tanto paradójica, el fotógrafo no considera que exista un espacio vacío; por el contrario, para él hay una saturación visual que exige el encuadre y recorte del ojo fotográfico para hacer visible lo importante, para ayudar a ver lo que se esconde entre tantas visiones.

Bajo este concepción, Cuéllar se ha acercado durante los últimos dos años a diferentes artistas visuales, escritores, escultores,  pintores y hasta dramaturgos, a quienes ha retratado y con quienes ha conversado en torno a ese espacio vacío que él desconoce. Derivado de estos encuentros surge Tabula rasa,  cuyo título hace referencia justo a esa nada a la que se enfrenta el creador en el instante que  antecede a su creación.  La tabula rasa es, entonces, el silencio, la tela en blanco, la hoja en blanco,  y la imagen de los  creadores pensando en torno a eso.

Como parte de los resultados de este trabajo, Cuéllar expone 50 retratos de creadores, acompañados de reflexiones que ellos mismo han escrito en torno al espacio vacío, en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica (FCE), ubicada en Tamaulipas y Benjamín Hill, col. Condesa, México D.F.

La selección de retratos, comenta Cuéllar en entrevista con Cuartoscuro, “es una antología personal; fundamentalmente son personas que admiro y son  querencias… Para el libro se supone que van a hacer 150 retratos, aquí hay una pequeña  muestra, pero es un proyecto que va creciendo cotidianamente”.

Pero más allá de este proyecto, Cuellar ha retratado a creadores desde 1985. Y comparte  algunas de las  anécdotas más peculiares en su trato con  personajes, como  Borges, por  ejemplo,  a quien retrató en los  urinarios de San Ildefonso:

“La primera vez que vino Borges a México yo trabajaba como freelance para Revista de Revistas que dirigía Vicente Leñero, entonces yo me planté en el aeropuerto desde que llegó Borges; habíamos 3 o 4 fotógrafos nada más, y me aboqué  durante todos los días que estuvo aquí a estar con él: de las siete a la una de la mañana. Lo acompañaba.  Él medio veía, veía figuras, sombras, entonces me bautizó como El duende. Decía ‘ya llegó El duende’, lo sabía por el sonido de la cámara  Pentax que es muy específico, muy sonoro; ‘El duende dónde está, no ha llegado’.

“Entonces estaban grabando los programas para Televisa, en Sal Ildefonso, ahí se reunían  Salvador Elizondo y todos lo intelectuales que hicieron las mesas redondas con Borges. Andaba yo del brazo de Borges, y me dice:  ‘Oye, duende, quiero hacer pig’. Fuimos a buscar un baño. Y entonces mi sorpresa; yo no conocía los baños de San Ildefonso, y veo toda esa fila de mingitorios que es impresionante, y estaba solo…  Llevo a Borges en medio, veo y me digo: ‘es que está para  hacer una foto, ¿la hago o no la hago?’, y hago un clic, dos, y él dice: ‘Ya El duende está haciendo travesuras’, pero sin ningún problema. Hago una tercera foto y ya.  Me dice: ‘duende, que travieso eres’. Cuando lo acompaño para tomar el avión, le preguntó:  ‘Oiga, maestro, y nos vamos a volver  a ver. Me dice: ‘Ya veremos duende, ya veremos’. Fui un bruto pero Borges tenía un sentido del humor esplendido.”

Otra anécdota más tiene que ver con el pintor catalán Antoni Tápies. Cuellar viajó a  Barcelona, y luego de lidiar con la esposa del artista ésta le concedió diez minutos de entrevista con Tápies: “Lo veo muy mal encarado. Me dijo: ‘qué quieres’. ‘Hacer un retrato’, le muestro mi trabajo, siempre lo muestro, y el silencio total los primeros siete minutos. Eel tiempo se me estaba acabando. En lo que cambiaba el rollo le pregunté: ‘Oiga  maestro, y para usted que es el espacio en blanco’. Otro silencio muy grande, y me contestó: ‘Joder, la angustia’, y otro silencio. Le hago otra pregunta: ‘y ¿usted qué hace frente a eso, la angustia, qué pasa con la tela?’. ‘Pues la piso, la rompo, camino sobre ella…’ De  ahí se estableció un diálogo pregunta-respuesta, a la media hora vino la mujer a decir: ‘Antoni ya se termino el tiempo’. ‘No, no, el maestro y yo estamos trabajando’. Estuvimos cuatro horas… Entendí que era muy importante  platicar o llevar una grabadora”

Respecto de Francisco Toledo, quien  este 2010 celebra 70 aos de vida,  comenta: “Muchos piensan que es silencioso pero es una falacia. Le encanta conversar, tiene una gran cultura y mucha información del acontecer cultural, político y social, es un gran curioso”.

Y sobre Monsiváis, a quien en Tabula rasa ofrece un homenaje especial por su reciente deceso,  Cuéllar comenta que la primera foto que le hizo fue en 1969, a partir de entonces se lo encontró en manifestaciones, conferencias y diversos eventos. Diez años después el fotógrafo le pide al cronista un texto para su primera exposición Reflexiones. El cronista escribe: “Fíjense en el Cuéllar  retratista que espía y acecha temeroso de la rigidez, de las innumerables mentiras de una pose, de los artificios de la consciencia del sujeto frente al objeto que perpetuará sus gestos, máscaras y maquinaciones”.

¿Qué es para ti el espacio vacío?

—Percibo más de 180 grados. El problema que tengo es de reducir la visión que tengo para evitar esa realidad, y eso me lo da la fotografía en cualquier formato, el que me encanta es 6 x 6. Para mí la realidad es cuadrada, es como veo mejor, más que horizontal, cuadrada. En el espacio siempre hay demasiadas cosas; mi idea es reducir, editar. En realidad mis espacios no son vacíos. Mi espacio de trabajo, mi espacio, mi recámara, son espacios  saturados. Tengo frente a mi cama 15 cuadros; necesito eso, que me permite de pronto ver una parte del cuadro que no había visto,  tener una mirada muy selectiva.

¿Qué es entonces la oscuridad?

—Es el  espacio más maravilloso. Soy el hombre más feliz entrando a la semioscuridad, a la penumbra con focos rojos, naranjas,  y químicos…

¿Qué es la fotografía?

—Una forma de vida. La fotografía me ha dado una actitud frente a la vida, un estar en una sociedad y registrar, y llevar a sus consecuencias mi compromiso con las sociedad. Registrar para dejar una memoria cotidiana,  que a la  vez se va transformando en historia.

Además de retratista de creadores, Rogelio Cuellar tiene una trayectoria como fotógrafo de desnudos, y actualmente trabaja en un proyecto junto con Arturo  Rivera, quien lo invitó a sumarse al proyecto Carne. Al respecto dice: “Para no caer en lo trillado me interesa mucho mantener una línea entre la fuerza  erótica, la belleza. Busco llegar a lo sublime que puede también ser terrible. Pero eso es un desafío”. (Anasella Acosta)

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PUBLICADO

23 julio 2010

 
Comentarios
2 Comentarios en “Rogelio Cuellar, un duende creador”
  1. DANIELA Dijo:

    QUE ME GUSTAN LAS ENTREVISTAS DE LOS FOTOGRAFOS .PORQUE CUENTAN LO DE SU VIDA LO QUE LES GUSTA Y PORQUE ESCOJIERON SER FOTOPGRAFOS
    OOR ESO ME GUSTA ESTA PAGINA POR TODO LO BONITO Y LLO BVELLO DE ESTAS PALABRAS
    TODO ESTO ESTA MUY ERMOSO Y BELLO

  1. Un pequeño agradecimiento a Rogelio Cuéllar | El Fotógrafo Lector



 
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